Susurros Nocturnos - 1 de Junio, 2016

Jun 1 Como callar a la pequeña e insolente malicia

ELECCIÓN

Efesios 4:31 

Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia.

Como callar a la pequeña e insolente malicia

No sé si todavía estará allí, pero siempre me llamó la atención aquel graffiti pintado en un puente situado camino a la ciudad de Luton por la autopista M1 en Inglaterra. Con garabatos apresurados decía “Un pueblo llamado malicia”, referencia directa a una canción del grupo musical The Jam de los años 80 del siglo pasado. 

La letra de esta canción escrita por Paul Weller es extraordinaria y posteriormente fue usada como parte de la banda sonora de la película Billy Elliot. Me imagino que por ser británico y proceder de aquella parte de la estructura social británica, tanto la letra, el lugar, como el espíritu de la canción retumban profundamente dentro de mí. Estas son sus primeras líneas:

Mejor deja de soñar con una vida tranquila –
Pues es lo que nunca conoceremos,-
Y deja de perseguir ese tren desenfrenado –
Porque los días hermosos son pocos -Y –
No te disculpes más por las cosas que nunca haz hecho,-
Pues el tiempo es poco y la vida es cruel –
Pero es nuestra responsabilidad el poder cambiar
Este pueblo llamado malicia. 

Conozco la malicia. Desde un punto de vista pastoral he observado que se hace más evidente en las personas heridas, las rechazadas y las que han sufrido privaciones. En lo personal, la malicia es algo que siempre es rechazado, y a la vez es muy esperado: Es como un ministro y mentor – incluso un torturador – que me justifica. Todos tenemos esa extraña relación amor-odio con la malicia. Ustedes saben a qué me refiero. Sí, creo que sí lo saben. 

El pecado de la malicia es insidioso para la humanidad. Se vincula directamente con la engreída habitación del yo pecaminoso. Se aferra a uno como los gases producidos por la col que comimos ayer o como la malévola miseria; se sienta a horcajadas sobre tu boca y te estira las mejillas hacia abajo provocando una mueca aterradora. La malicia manipula la mente, tiene a la amenaza como su prima y al asesinato como su hermano gemelo. La malicia es el odio personificado. La malicia, queridos amigos, es simplemente el pecado oscuro, turbio y maligno. Sin embargo, muy a menudo le damos tranquilamente la bienvenida por la puerta trasera de nuestro corazón, por la noche, cuando todos nuestros buenos vecinos duermen. 

La malicia es un tipo de pecado particularmente engañoso, pues una vez que le damos entrada en nuestro corazón se puede convertir en aparente luz y justicia. Sí, a la hora de justificar su existencia, la malicia expresa sus opiniones con fuerza. Después de todo, “Acaso ellos no…” y “Si él no hubiese…” y “A no ser por…” y “Yo sólo estaba…” 

¡La malicia se puede convertir en una clase de monstruo insolente y auto-justificador, y no se puede razonar con ella una vez que se ha justificado! Es muy poderosa. ¡Yo diría que no se le puede combatir ni vencer! ¡Pues si se le ataca se torna más fuerte! Entonces, más bien debemos lidiar con ella con el mayor desdén. Sí, debemos echarla continuamente a un lado, como hace un niño con el juguete viejo. ¡Es decir, ignorarla contínua y persistentemente! Esto la ofenderá, pero créanme amigos, al final la avergonzará, la aquietará, la derrotará y le pondrá fin a su desagradable y auto-justificante vida. Pero no se equivoquen: El proceso de echarla a un lado debe ser contínuo y desdeñoso. 

Por último, y sobre todo, debemos ignorar la malicia. La mejor manera de lograr esto es principalmente tomando algún nuevo juguete moralmente adecuado, incluso algún mejor amigo. Si la malicia habita en tu casa, ignórala con toda intención. Entonces, hijo de Dios, si hoy tu comida es la malicia insolente, ¿por qué no echar a un lado a esa canalla perdedora y comenzar a jugar con alguno de los mejores juguetes del Reino? Así es, si haces ambas cosas, es decir, desdeñarla e ignorarla, la malicia terminará por marcharse voluntariamente, furiosa y herida y lo hará a hurtadillas por la puerta trasera, durante la noche cuando haya una oscuridad nebulosa. Ni siquiera dará un portazo. Haz la prueba y verás si tengo razón, pues es nuestra responsabilidad cambiar este pueblo llamado malicia, y te digo, ¡esta es la forma de hacerlo! 

Reflexiona: “Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.” Efesios 4:32 

Ora: Dios amoroso, ¡ayúdame hoy a echar a un lado la muerte y a elegir la vida! ¡Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén!

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