Ánimo Para la Mujer - La Semana del 22 de Mayo

 

¿CÓMO  DEJO QUE LA PAZ GOVIERNE?
Samantha Reed

“Que gobierne en sus corazones la paz de Cristo.” Colosenses 3:15 (NVI)

Lectura:

No somos más capaces de enviar la lluvia de regreso a las nubes levantando las manos al cielo…

O de abrazar los colores buscando el final del arcoíris…

O de forzar la marea a retirarse corriendo en sentido contrario al mar…

No somos más capaces de lograr esto, que de perseguir y conseguir paz.

Paz.

La razón por la que el mundo va a la guerra, las familias se desmoronan, la gente deambula. Aquello por lo que nos comprometemos, e improvisamos, y televisamos: Está aquí… si tan sólo te apuras a buscarla con tu tiempo, tu dinero, tu vida.

Pero de tanto buscarla, nunca conseguimos paz. No hasta que nos enfrentamos con estas nueve palabras que llaman a la calma. Una verdad que hace que los hombros caigan y las mandíbulas se relajen. Esta escritura nos dice que hay una paz plena, gratis para todos.

 “Que gobierne en sus corazones la paz de Cristo.” Colosenses 3:15 (NVI)*

Si vamos a encontrar paz, debemos convertirnos en discípulos de Él quien es nuestra Paz, Jesucristo. Él quien es la Palabra. Y esta parte de su Palabra, “Que gobierne en sus corazones la paz de Cristo” es una buena enseñanza.

Esta verdad nos enseña a desacelerarnos. Esta palabra, “gobernar”, implica que debemos “ser árbitros” de nuestro apurado corazón. Así que cuando las circunstancias se desmoronan y nosotros batallamos preocupadamente para arreglarlas, esta enseñanza nos dice que debemos detenernos y llamar a nuestro corazón a la calma. ¿Cómo lo hacemos? Mediante el conocimiento profundo de Él quien es nuestra Paz.

Cristo es justo, como lo refleja el valor de Ester y la derrota de Amán. (Ester 7)

Cristo redime, como lo aseguran la gran pérdida de Job y su todavía más grande victoria. (Job 42:7-17)

Cristo es digno de nuestra confianza, como lo prueba Su promesa de resurrección (Mateo 28:1-10)

Cristo controla las tormentas, como lo atestiguan los vientos y las olas calmadas (Marco 4:35-41)

Va a tomar algo de tiempo enseñar a nuestros corazones a dejar que la paz sea quien gobierne. Los árbitros no empiezan su carrera en las Ligas Mayores. De hecho, los árbitros pasan por rigurosos estudios y entrenamientos. Deben trabajar por años en las ligas menores antes de siquiera soñar con ser parte de las mayores.

Nosotros también debemos concentrar nuestro corazón y nuestra mente en aprender. Un buen lugar para empezar es con las cosas menores. Tratar de calmar nuestros corazones y llamarlos a la paz cuando vamos tarde, o la cena se quema, o raspones y moretones ocurren, o cuando le damos un rayón al coche. Esta es nuestra práctica y preparación para problemas más grandes como cuando el doctor llama, nos dan una multa, nos llega una demanda, o nos abundan las acusaciones.

Nosotros llamamos a nuestros corazones a confiar en Él quien nos es fiel en las cosas pequeñas, para aprender de su carácter una y otra vez. Esto brinda a nuestros corazones el entrenamiento necesario para saber que Él es digno de nuestra confianza en las cosas grandes, en las cosas intermedias… en todo.

Cada llamada lleva a otra, lo cual eventualmente nos lleva a un lugar de seguridad. Un lugar donde la búsqueda termina. Y donde la paz comienza.

Querido Dios, Tú eres nuestra Paz. Enséñame Tus caminos, dirígeme a tu verdad. Ayúdame a relajar mis hombros, a suavizar mi tensa mandíbula, a calmar mi apurado corazón. Quiero conocerte más y más. En el nombre de Jesús, Amén.

Reflexionar y responder:
¿Tiendes a enfocarte más en las circunstancias o en el poder de Jesús sobre las circunstancias?

Memoriza tres versículos que hablen sobre la paz en las siguientes tres semanas. Trata de recordarlos para calmar tu corazón cuando los problemas se aproximen.

Versículos poderosos:
Isaías 26:3, “Al de carácter firme lo guardarás en perfecta paz, porque en ti confía.” (NVI)*

Efesios 2:14, “Porque Cristo es nuestra paz…” (NVI)*

© 2013 de Samantha Reed. Todos los derechos reservados.

 

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