Ánimo Para la Mujer - La Semana del 19 de Septiembre

 

Bastante Desesperada

Glynnis Whitwer

“Ella se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, y al instante cesó su hemorragia.”Lucas 8:44 (NVI)

Lectura:

Tener tres hijos pequeños en apenas cinco años me dejó más o menos exhausta. No había nada parecido a una rutina, no importaba lo mucho que tratara de implementarla. Justo cuando pensaba que ya tenía un problema resuelto, aparecía otro.

Los libros de ayuda para padres eran algo útiles, pero no resolvían cómo manejar tres niños, con tres personalidades únicas, al mismo tiempo. Lo que funcionaba para uno no funcionaba para otro. Yo estaba desesperada y sintiendo como que me ahogaba.

Mi esposo y yo nos apuntamos en una clase para padres en la iglesia y recibimos un vistazo de esperanza. Solo queríamos una clase, pero no había nadie que encabezara un ministerio para padres. Nuestro equipo de pastoral ya estaba abrumado con responsabilidades. Aún cuando sus corazones querían ofrecer más, su tiempo estaba limitado. Así que cuando uno de los pastores nos pidió ayuda con el ministerio para padres nosotros estábamos tan desesperados que dijimos “sí”.

Al empezar este rol de líderes descubrimos que la mayoría de la gente se negaba a ayudar diciendo que no se sentían calificados. “Tampoco nosotros”, respondíamos. Pero nosotros estábamos dispuestos a intentar lo que fuera para conseguir apoyo, incluso si eso implicaba revelar a los demás que no éramos padres perfectos.

Durante los pocos años que lideramos el ministerio para padres tuvimos que salirnos de nuestra zona de comodidad y arriesgar mucho para poder obtener ayuda. Pero funcionó. Al compartir nuestros problemas con otros padres, recibimos sabios consejos y sugerencias prácticas que marcaron una gran diferencia.

Hace miles de años hubo otra mujer que estaba lo bastante desesperada como para pedir ayuda. Ella había tenido hemorragias durante 12 años y nadie podía ayudarla. Pero cuando Jesús visitó su vecindario ella estaba lista para intentarlo todo. Me imagino que estaba avergonzada y debilitada por su hemorragia. Debe haber reunido cada onza de energía y valor para llegar a Jesús.

La Biblia nos dice que había multitudes siguiendo a Jesús ese día. Aún así, esta decidida mujer navegó entre las masas para tocar el manto de Jesús, y la Biblia nos dice que fue curada inmediatamente.

A pesar de que toda esa gente se estaba aventando hacia Jesús, él supo que alguien lo había alcanzado para tocarlo. Al detenerse, la gente tropezó entre sí y se voltearon para determinar lo que había pasado. Con una voz suave, Jesús preguntó: “¿Quién me tocó?”

Después de que todos negaron que hubiesen sido ellos, la mujer se acercó temblando hacia él. Ella le contó a Jesús, y a la multitud congregada, por qué había tocado a Jesús y cómo él la había curado. Jesús entonces le dijo a la mujer: “Hija, tu fe te ha sanado. Ve en paz.”

La desesperación ocasiona que la gente haga cosas distintas. Algunas personas toman decisiones erróneas creyendo que están entre la espada y la pared. Algunas personas se esconden, esperando que su problema desaparezca.

Pero hay otras personas lo bastante desesperadas que hacen algo arriesgado y lleno de humildad para pedir ayuda. A veces Dios usa otras personas para ayudarnos, y a veces él es el único que tiene las respuestas.

En los tiempos difíciles que enfrentamos, muchos tenemos problemas que nos empujan al borde de la desesperación. Oro para que en lugar de que la desesperación te venza, ésta te motive para buscar ayuda. Independientemente de que Dios mismo sea quien te libere, o de que Él use a alguien más, confía en que Él ya tiene un plan para ayudarte.

Amado Dios, solo tú sabes la desesperación que siento en este momento. Solo tú ves los problemas que me aplastan. Yo confieso que no tengo la fortaleza o la sabiduría para encontrar una respuesta. Sin embargo, confío en que tú ya planeas cómo liberarme. Confío en que conoces cuándo es el tiempo oportuno. Por favor, muéstrame qué hacer y dirígeme a la fuente de ayuda. En el nombre de Jesús, ámén.

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Ora el Salmo 142:6 cuando te sientas desesperada.

 Versículos poderosos:

Salmo 142:6, “Atiende a mi clamor, porque me siento muy débil; líbrame de mis perseguidores, porque son más fuertes que yo.” (NVI)

Salmo 27:14, “Por eso me armo de valor, y me digo a mí mismo: «Pon tu confianza en Dios. ¡Sí, pon tu confianza en Él!»” (TLA)

© 2012 de Glynnis Whitwer. Todos los derechos están reservados.  

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