Ánimo Para la Mujer - La Semana del 11 de Septiembre

ABOLLADA Y DAÑADA

Carol Davis

“El Señor está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido.” Salmo 34:18 (NVI)

Lectura:

Caminé por el pasillo del supermercado de descuentos buscando alguna oferta. Siempre resulta bastante aleatorio encontrar una buena ganga en esta tienda, y así me pasó… otra vez.

Antes de darme por vencida y aceptar la derrota, pasé por un contenedor que llamó mi atención. El letrero decía: “productos dañados”. Estaba lleno de latas abolladas y sin etiqueta, sin razón aparente, simplemente eran varios artículos al azar que no tenían valor para permanecer en los estantes del mostrador. Y yo sabía justamente cómo era sentirse así.

La vida a veces trae cosas inesperadas. Las lecciones que aprendemos en la escuela de los golpes duros nos dejan lastimadas, abolladas y se llevan la etiqueta que creemos que define quién somos. Un aborto espontáneo nos arranca el título de madre. Un divorcio nos quita el rol de esposa. Una notificación oficial elimina nuestro rol de empleada.

Esto nos hace sentir como si hubiésemos sido arrojadas a un contenedor, ya sin más valor para poder ser exhibidas en el mostrador. Con tantas abolladuras y daños podemos creernos la mentira de que somos fracasos de primera clase y que toda esperanza está perdida.

Sacudiéndome mis cavilaciones filosóficas, me acerqué al contenedor e intencionalmente elegí una lata abollada sin etiqueta. Llegué a casa y la puse en el mostrador de la cocina con ansiosa expectación. El abrelatas finalmente penetró la tapa de metal para revelar… ¡duraznos! ¡Dejé salir un grito de colegiala! ¡Amo los duraznos! Qué sorpresa abrir esta lata y encontrarme con una de mis frutas favoritas. La lata estaba dañada, pero el contenido aún estaba en buen estado… y además dulce.

Dios continuó la lección que había empezado en el supermercado.

Yo he sido dañada. Hasta cierto grado todos lo hemos sido. No estoy viviendo la vida con la que soñé cuando era niña. Sin embargo, el daño que  he sufrido ha vuelto el contenido de mi corazón mucho más dulce, mucho más compasivo, mucho más en busca de Jesús. He sido menospreciada y juzgada por muchos que han visto que hemos perdido nuestra etiqueta y nos tratan de adjudicar otra por su cuenta.

He querido decir: “No me juzguen tan rápido. Mi daño no me ha definido. Me está refinando.” A veces puedo estar en el fondo del contenedor de la vida, pero Jesús pagó un precio muy alto por todos aquellos que estamos allí, en el fondo del contenedor, de la misma forma que lo hizo por aquellos que están orgullosamente expuestos en el mostrador principal. De hecho el salmo 34:18 me reafirma que él está cerca de aquellos que están quebrantados y abatidos. ¡Qué gran alivio!

Mira a tu alrededor. ¿Hay alguien en tu vida, tu familia o tu iglesia que consideres como un “producto dañado”? No pierdas la oportunidad de acercarte a ellos y amarlos. Puede que encuentres una amistad que es dulce y buena. Y al acercarte mira bien a tu alrededor para que veas cómo el Señor está cerca de ti. Envuélvete en su presencia. ¡Ésa es una etiqueta que no nos pueden quitar!

Amado Señor, mi vida no ha sido exactamente como yo hubiese pensado que sería, pero sé que tú aún puedes usarme para tus propósitos. Por favor, perdóname por haber criticado y catalogado a los demás y por juzgarlos por sus circunstancias externas en vez de considerar la labor que tú estás realizando en sus corazones. Ayúdame a darme cuenta de que todos tenemos daños, pero que eso es lo que nos mantiene desesperados por ti. En el nombre de Jesús, amén.

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Reflexionar y responder:

¿Has sido juzgada injustamente? ¿Cómo te hizo sentir esa situación?

Escribe todas las circunstancias de la vida que han “abollado” tu corazón. Pídele a Dios que use todas tus abolladuras y cicatrices para tu bien y para su gloria.

Versículos poderosos:
Salmo 145:18, “El Señor está cerca de quienes lo invocan, de quienes lo invocan en verdad.” (NVI)

Isaías 61:1, “El Espíritu del Señor omnipotente está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a sanar los corazones heridos, a proclamar liberación a los cautivos y libertad a los prisioneros…” (NVI)

© 2013 de Carol Davis.Todos los derechos están reservados.

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