Crucemos al otro lado - Con Diseño Divino - La Semana del 21 de Septiembre

Con Diseño Divino

Crucemos al otro lado

De la Palabra de Dios: “Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

Un día Jesús les dijo a sus discípulos: “Crucemos al otro lado del lago” (Lucas 8:22).  El lago de esta historia es más conocido como el mar de Galilea.  Tiene una superficie de 166 km2 (64 millas cuadradas) y es el lago de agua dulce más bajo del mundo. En esa masa de agua las tormentas son algo común debido a las diferencias de temperatura entre la costa y las montañas de alrededor.

Así que, ese día en particular, Jesús y los discípulos se subieron a una barca para “cruzar al otro lado”. Jesús estaba cansado y se quedó dormido. Se desató la tormenta, el barco empezó a llenarse de agua y los discípulos, muy asustados, despertaron a Jesús. El relato cuenta que él “se levantó y reprendió al viento y a las olas; la tormenta se apaciguó y todo quedó tranquilo” (Lucas 8:24).

¿Y qué tiene que ver con nosotros esta historia? Bueno, quizá ha llegado uno de esos momentos en la vida en que tienes que “cruzar al otro lado”, a todos nos llegan: un trabajo nuevo, ya sea por puro gusto o porque no quedó otra opción; el nacimiento de un hijo y el cambio que eso trae; mudarse a un país o una ciudad diferente, etc. El caso es que sabes que tienes que cruzar al otro lado pero no contabas con que la travesía implicaba una o varias tormentas.

No nos gustan las tormentas. Yo nunca he estado en una tormenta en el mar. Lo más cercano fue un viaje en un barco que hace una breve travesía en el río Niágara y te lleva muy cerca de la caída del agua en esas impresionantes cataratas. A medida que el barco se acerca a las cataratas el viento aumenta, y parece que estuvieras en medio de una tormenta, con agua cayendo por todas partes y un ruido ensordecedor. El espectáculo es bello, impresionante y sí, también produce un poco de temor.

Pero la verdad es que a mí tampoco me gustan las tormentas, ni las atmosféricas ni las de la vida cotidiana. Creo que a todos nos pasa lo mismo. Preferimos la calma. Sin embargo, ¿crees que Jesús no sabía lo que iba a pasar aquella noche? ¡Por supuesto que sí! Igual sabe lo que va a pasar en tu vida, y con todo te dice: “cruza al otro lado”.

Las dificultades y los desafíos son parte de la vida. Nos hacen crecer, nos hacen afianzar nuestra fe, nos recuerdan que somos pequeños pero nuestro Dios es grande.

En ninguna parte de la Biblia Dios nos dice que no habrá tormentas, no nos promete un viaje con día soleado y cero probabilidades de lluvia. Así que, ya sea que ahora mismo estés navegando y la tormenta esté zarandeando tu barca, y el lago sea tan grande que no alcances a ver la otra orilla, recuerda lo que Dios sí te promete: ir contigo en la barca y acompañarte para que llegues al otro lado, tal y como sucedió con los discípulos aquel día.

(Publicado originalmente en wendybello.com)

© 2016 Wendy Bello

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