Un Hombre Pequeño Cambia su Vida - Aventuras en la Historia Sagrada - La Semana del 14 de Marzo

Un Hombre Pequeño Cambia su Vida

“¡Oh Dios, pon en mí un corazón limpio! ¡Dame un espíritu nuevo y fiel.” - Salmo 51:10

Aunque Zaqueo era tan bajo que apenas le llegaba al hombro a la mayoría de los judíos de Jericó, donde el vivía, ocupaba una posición importante. Era uno de los jefes recaudadores de impuestos de los romanos, que dominaban a Israel por la fuerza. Estos recaudadores de impuestos o publicanos, como eran llamados a menudo, cobraban más impuestos de lo que debían y se quedaban con el recargo. Zaqueo se había enriquecido engañando así a sus compatriotas.

Un día, Zaqueo escuchó a alguien gritar: "¡Viene Jesús! ¡Va a pasar por nuestro pueblo! "Debo verlo," se dijo Zaqueo. Se abrió paso a empujones entre la multitud para poder ver a Jesús, pero era tan bajo que no podía encontrar un lugar desde donde pudiera ver lo que estaba sucediendo. La Biblia dice: "Y corrió delante, y para alcanzar a verlo, se subió a un árbol cerca de donde Jesús tenía que pasar."

Cuando Jesús llegó al árbol donde Zaqueo se había subido, se detuvo, levanto la vista, miro a Zaqueo a los ojos y le dijo: "Zaqueo, baja enseguida, porque hoy tengo que quedarme en tu casa." ¡Que sorpresa para Zaqueo! ¡Jesús sabía su nombre y quería ir a su casa! ¡Zaqueo no podía creer lo que escuchaba! Aquel hombre de corta estatura, bajó rápidamente del árbol y con gozo llevó a Jesús a su casa. 

Jesús le dijo a Zaqueo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa.” Zaqueo estaba experimentado la felicidad que se siente cuando Jesús perdona el pecado. En primer lugar, Zaqueo había reconocido y confesado que estaba obrando mal. Creyó que Jesús era el Hijo de Dios y aceptó su perdón. Después, sintió como si estuviera apartándose de su iniquidad y corrigiendo sus errores lo mejor que podía. Aceptó la salvación de Jesús y lo amó con todo su corazón.

Lo que Jesús hizo por Zaqueo aquel día en Jericó, puede hacerlo por nosotros también. Él nos dice en Apocalipsis 3:20 y 21, primera parte: "Mira, yo estoy llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos. Al que venciere yo le daré que se siente conmigo en mi trono..."

¿Le abrirás la puerta de tu corazón a Jesús hoy, buscando su perdón y aceptando su salvación? Entonces tú también sentirás el mismo gozo que sintió Zaqueo cuando le dio la bienvenida a Jesús, hace muchos años.

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