Aventuras en la Historia Sagrada - La Semana del 10 de Octubre

Cuando se Arruinó el Plan de Dios
 

“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”  - Romanos 6:23

Adán y Eva vivían muy felices en su hogar en el hermoso jardín del Edén. El trabajo era fácil e interesante. Los animales eran juguetones y compañeros amigables. El plan de Dios para Adán y Eva era que vivieran felices para siempre.

Dios amaba a Adán y a Eva, pues sabía que ellos serían más felices si le obedecían. Pero Dios no obliga a la gente a que le obedezca, sino que Él permite que cada uno escoja obedecer o desobedecer. 

En el jardín había dos árboles especiales: el árbol de la Vida y el árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Cuando Dios les dio a Adán y a Eva su hermoso hogar, les dijo: "Ustedes podrán comer libremente de todo árbol en el huerto; pero del árbol del Conocimiento del Bien y del Mal no podrán comer, pues si lo hacen, ciertamente morirán." Esta sería su oportunidad de decidir si obedecerían a Dios o no.

Un día, Eva se detuvo a mirar el árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, pues era hermoso. De pronto, Satanás en forma de serpiente le habló: "¿Con qué Dios te ha dicho que no comas de ninguno de los árboles del huerto?" Eva le respondió: "Podemos comer del fruto de los árboles del huerto, pero del fruto del árbol que está en medio del huerto, Dios ha dicho, no comerás de él, o morirás."

Entonces fue cuando Satanás dijo la primera mentira en este mundo. "Ciertamente no morirán, sino que serán como Dios, sabiendo el bien y el mal." Cuando Eva vio que era bueno para comer, que era hermoso, y que el árbol podía hacerla sabia, tomó del fruto y comió. Luego le dio a Adán y él también comió.

Dios los llamó y les dijo que como habían desobedecido, debían morir o sea, que ya no serían inmortales. ¡Cuán tristes se sintieron Adán y Eva! Ahora sabían que el conocimiento del mal no era algo bueno para ellos. ¡Cuánto debieron haber llorado! Pero Dios los consoló y les dio la promesa de que algún día, uno de los descendientes de Eva vencería a la serpiente, que es Satanás.

Aprendemos en el Nuevo Testamento que Jesús, el propio Hijo de Dios, hizo exactamente eso, pues vivió en obediencia a Dios y permitió que hombres malos lo mataran, a fin de salvar a la humanidad de la muerte eterna.

Nosotros debemos escoger a qué líder queremos seguir y obedecer, si a Dios o a Satanás. Si escogemos seguir a Dios y aceptar la muerte y el sacrificio de Jesús, Él compartirá su vida con nosotros. Podremos vivir en el hogar celestial que está preparando para todos  sus hijos fieles.

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