Alimento Diario - 4 de Febrero

  

Sonrisa socarrona

El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. 1 Juan 1:9

¿Alguna vez se sonrió en forma socarrona cuando a alguien le sucedió algo? ¿Sabe a qué me refiero con lo de ‘sonrisa socarrona'? Recientemente, una agencia de noticias publicó unos ejemplos de esta palabra.

La primera historia trata de un hombre que se apareció en un hospital con una herida de bala. Como es de suponer, la policía lo interrogó para saber qué había sucedido, y aunque al principio el hombre estuvo reacio a narrar los hechos, finalmente lo hizo. Resulta que, mientras practicaba cómo desenfundar su pistola al estilo vaquero, sin querer apretó el gatillo y se disparó a sí mismo.

Otra historia sucedió en Suiza, donde veinte personas que participaban de un programa para adelgazar y estaban esperando subir a la balanza para ser pesadas, de pronto escucharon crujir el piso del edificio, que terminó derrumbándose.

Yo no tengo nada personal contra quienes tienen sobrepeso ni contra quienes tienen armas. Al contrario, debo admitir que no soy para nada delgado, y que me gusta disparar armas, pero seamos honestos... al leer esas historias, ¿no se les dibujó en la cara una sonrisa socarrona?

No puedo asegurarlo, pero creo que el Señor, quien creó a la jirafa y al ornitorrinco, también tiene sentido del humor. Sin embargo, estoy seguro que Él nunca encontró humorística nuestra desventura.

Por el contrario. El Señor, movido por nuestra condición sin esperanza, envió a su Hijo para salvarnos. Jesús cambió la tranquilidad y la perfección celestial, por los caminos polvorientos de las provincias pobres del Impero Romano. Allí, rechazado, despreciado y odiado, él dio su vida para que nosotros pudiéramos ser salvados.

Y si usted se pregunta: ¿por qué?, quizás haya sido porque el Señor no quería que Satanás se riera de nuestra desventura en el día del juicio. Quizás quería robarle a Satanás su sonrisa socarrona.

ORACIÓN: Padre celestial, te doy gracias por haber tenido piedad por este mundo pecador. Ayúdame a hacer todo lo que esté a mi alcance para que el diablo no triunfe en el día del juicio. En tu nombre. Amén.

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