Alimento Diario - 27 de Setiembre

  


Dar el ejemplo

Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar. 2 Timoteo 4:2

Como soy predicador, regularmente leo los mensajes de algunos grandes oradores del pasado.

Los mensajes de Dwight L. Moody están primeros en mi lista de sermones contundentes. Aún así, Moody mismo admitió que a él le faltaba mucho para ser un predicador completo.

Quizás el error más grande que cometió fue en el mensaje que predicó ante un inmensa audiencia el 8 de octubre de 1871, titulado: “Entonces, ¿qué va a hacer con Jesús, llamado el Cristo?”.

Moody concluyó su sermón diciendo: “Les doy una semana para pensar sobre eso. Y cuando nos reunamos nuevamente tendrán oportunidad de responder”. El sermón terminó y el solista empezó a cantar.

Las palabras fueron opacadas por el sonido de las campanas de incendio: esa noche se inició el fuego de Chicago que mató a cientos de personas, y dejó a miles sin hogar.

Al reflexionar sobre el hecho, Moody dijo que daría su brazo derecho antes de dar a una audiencia una semana para pensar en el mensaje del Evangelio.

Todo esto verifica las palabras de San Pablo quien nos dijo que prediquemos la palabra. Compartir la historia de la salvación no es algo que deba confinarse a la mañana del domingo. El hablarle al perdido acerca del perdón y la redención que han sido ganados para nosotros a través del sacrificio de la vida perfecta de Jesús, su sufrimiento, su muerte y su gloriosa resurrección, es algo que necesita ser dicho a cada instante.

San Pablo no nos dijo que debemos predicar con gran habilidad de oratoria como lo hizo Dwight Moody. Nuestras vidas, vividas en agradecimiento a Cristo, ya son un sermón… un mensaje que es usado por el Espíritu Santo para llevar a otros a Dios.

Por lo tanto, demos hoy una prédica formal con nuestro sólido testimonio cristiano.

ORACIÓN: Padre de gracia, no sabemos cuál será nuestro último día, o el último día de quienes nos rodean. Haz que el Espíritu Santo, que es quien lleva a la fe, nos use como vivo ejemplo de la verdad de las Escrituras y la grandeza del sacrifico de Jesús. En el nombre del Salvador. Amén.

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