Alimento Diario - 21 de Enero

  

Lleno de maldad

... el corazón del hombre rebosa de maldad; la locura está en su corazón toda su vida, y su fin está entre los muertos. Eclesiastés 9:3b

El mercado nocturno de Hong Kong es un lugar muy concurrido. Rodeado de antiguos edificios de apartamentos, está usualmente repleto de residentes locales y turistas en busca de ofertas y artículos inusuales.

Es también el lugar donde ocurrió uno de los ataques con bombas de ácido.

Para quienes no lo saben, y oraría que ese desconocimiento se extendiera a la mayoría de ustedes, un ataque con bomba de ácido es cuando alguien arroja de lo alto de un edificio botellas conteniendo ácido, que caen sobre las personas que pasan por la calle.

En tan sólo un año hubo seis ataques de esa clase. Debido a que nadie se adjudica los ataques, la policía asume que <b>no</b> tienen motivación política.

Al no tener sospechosos, la policía cree que, quien tira la bomba, disfruta de tirar ácido a extraños. El atacante es como el piro maníaco, solo que en este caso disfruta destruyendo personas en lugar de edificios.

Se sabe que en estos días la gente rechaza la idea del pecado original, y la mayoría quiere creer que la humanidad es básicamente buena. Pero no es así. Eclesiastés está en lo correcto cuando dice: "El corazón del hombre rebosa de maldad; la locura está en su corazón toda su vida".

La mayoría de nosotros no arroja bombas de ácido al distraído, pero todos nosotros, por naturaleza, somos pecadores... pecadores perdidos sin esperanza.

Es a este mundo enfermo y pecador que el Señor envió a su Hijo perfecto. Era el trabajo de Jesús rescatarnos del mal, una obligación que Jesús cumplió sin falla. Y gracias a su sacrificio abnegado, todo el que cree en él es perdonado, y recibe la promesa de la vida eterna en el cielo.

Gracias a Dios que Él lo hizo. En un mundo de constantes amenazas de guerra, cuando una bomba de ácido puede caer sorpresivamente del cielo, necesitamos la esperanza que sólo Jesús puede darnos.

ORACIÓN: Señor, utilízanos como testigos de Jesús dondequiera que vayamos. En su nombre. Amén.

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